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miércoles, 22 de octubre de 2014

CAPITULO 1) LA VISITA DEL REY FANGASKA



«Divisaba la luna fría, cálida, endeble, robusta, absorbente, proyectante y... y eso era "y". Algo más despedía de su superficie, no lo sabía en aquel momento pero entendía dentro de mí, que mi destino era con ella, y tal vez, solo, tal vez el de ella con migo»
Trabajaba como siempre en mi casa suburbana, no muy lejana a la ciudad y que contaba con lo necesario para que yo viviese cómodamente en medio del bosque, hacía ya dos años desde que me independice como adulto y me mude a Tierra verde un lugar precioso que me permitía estar en contacto con la naturaleza, pero dentro de mí, donde nadie lo notaba mi corazón era un océano de fantasía gaseoso y fluyente, nunca encontré límites para mi imaginación, de allí tome la decisión de convertirme en escritor licenciando me en la universidad de lidgonburt, la mas majestuosa universidad del país, me deleitaba en sus bibliotecas y aun lo hago pero con mayor fugacidad ya que la distancia es considerablemente grande y que no soy partidario de usar automóvil.
Una noche en la que me encontraba tomando una taza de café expreso que por cierto a acostumbró a tomar a las seis y veinte todos los días, miraba por la ventana de mi cocina y vi en el césped un ave de aspecto extraño pero hermosamente intrigante, su plumaje color plata reflejaba el rojizo atardecer en el horizonte nubosos.
Cuando llego a mí, insólito y fortuito, siempre como de costumbre, la más hermosa imagen, Tan Cerca de... Pero distante de Mis Brazos, Que me producía Una profunda melancolía. Mi amada, frágil Sobre Su delicado manto; me había enamorado de ella en el invierno Más frío Que Jamás hubiese sentido. Tan solo la imagen de Aquella hermosa joven me Pudo brindar calidez al instante. Pero apenas me perdía entre su belleza cuando.
-pak...
Un ruido extraño salía de mi estudio. ¿Que podía ser? Al vivir solo en un lugar tan apacible no se espera un ruido de ese tipo al fin y al cabo Seb mi mejor amigo llegaba de visita todos los domingos y hoy era sábado, sorprendido por aquel hecho deje la taza en la repisa de la ventana, me dirigí al pequeño armario junto a las escaleras tome un bate con fuerza y me dirigí al estudio con sigilosa premura.
Al entrar me encontré atrapado por unos brazos que me sujetaban fuertemente y bloqueaban mis intentos por forcejear, pero abalanzado me, con dificultad lo lance al suelo, era... era un extraño hombre, tenía hojas verdes y un tanto secas ceñidas al cuerpo dándole un tinte de guerrero, su piel literalmente blanca y su cabello supremamente grueso. No sabía en ese momento quien era pero más tarde me enteraría.
-calla - dijo
-¿Quien eres?
-no tenemos tiempo luego lo sabrás -dijo el mientras combinaba unos líquidos de apariencia viscosa que tenia en recipientes situados en el suelo, de pronto se volvió rápidamente a mi.
-toma lo - dijo largan dome el recipiente.
-no- Le dije sintiendo curiosidad y emoción
-toma lo si no quieres...
-prash
Habían quebrado en la planta baja un vidrio de mi ventana.
-si no quieres morir, tienes suerte de no haberlo arruinado todo- Continúo diciendo.
Me apresure a tomar el brebaje, al principio un poco amargo pero luego, sabia y olía a un ingrediente muy peculiar, como a setas frescas predije yo.
No tardo mucho para que causara algún efecto en mí. Mis venas se tornaron de un intenso color verde y mi temperatura descendió precipitadamente dejando me inconsciente en pocos segundos mientras veía una luz fulgurosa que irradiaba una de las paredes.




VÍDEOS Y MÚSICA u.u

YIRUMA


Joe Hisaishi





martes, 21 de octubre de 2014

CAPITULO 2) LIKAHA, EL REINO DE LOS HOMBRES HONGO




«Una hermosa imagen iluminaba mis ojos, mi amada, de nuevo ante mí, tan cerca pero lejos de mis brazos, parecía verme pero lo dudaba por su inexpresivo rostro que disimula cualquier sentimiento sin importar su impacto. Frío, mucho frío en las calles del apagado pueblo, solo el fuego de la vieja chimenea daba calidez al sombrío aspecto de la biblioteca, mi biblioteca»
-Despierta -me dijo
-¿Donde estoy? - dije aun sintiéndome mareado
-permite me -dijo dirigiéndose a mí mientras alargaba sus brazos para estabilizar mi aun tembloroso cuerpo
Mire más detalladamente a mí alrededor y obligándome a estar inmóvil note que estábamos viajando en alguna clase de carreta y aun con lo opaco del interior note que habían dos personas similares a mi raptor.
-hákin. Ese es mi nombre...lamento la forma en que nos conocimos, pero era estrictamente necesario hacerlo de esa manera
-¿que hago aquí?
-La razón por la que te traje es muy extensa y complicada. -Agrego luego de una breve pausa- Además no puedo alterar tus conocimientos de esta realidad, aun si lo quisiera, sería devastador, así que no esperes en mí el camino a todas las respuestas que llegues a solicitar, por ahora solo te diré que te encuentras más lejos de lo que piensas, más allá de lo que sueles llamar cielo, aún más lejos de lo que cualquier humano llegara a conocer...Estas en likaha.
Después de un largo tiempo llegamos a un gran árbol, el cual parecía llegar a tocar las nubes y por su tamaño era lógico deducir que sus raíces llegaban a una profundidad exorbitante. Los dos sujetos se quedaron en la carreta y Hakin y yo nos dirigimos a un costado del árbol donde nos esperaban dos hombres con trajes similares al de Hakin pero con hojas mas frescas y cuerpos mas delgados.
Las cosas desprendían su color al moverme, unas ligeras náuseas me invadían y al parecer mi cabeza pesaba mas de lo normal o al menos eso sentía.
Hakin vertió una espesa sabía de olor terroso que consumió velozmente el suelo formando un agujero lo suficientemente ancho que traspaso la superficie con gran velocidad.
-salta- me dijo mientras los otros dos hombres lo hacían.
Sin pensarlo salte al vacío lleno de incontenible adrenalina combinada con migraña.
Sin tardar me levante rápidamente y recupere mi compostura el suelo era suave y húmedo de allí tan ligera caída, pronto llegamos a una imponente muralla que hacia parte de un castillo formado místicamente por las raíces del árbol y que estaba adornada con hongos gigantes que despedían una luz muy tenue pero que permitía observar vagamente el lugar.
Nuevamente sentía náuseas pero al parecer estaba mejorando me, ya las cosas no despedían su color.
-¿puede vivir alguien en este lugar?- pregunte expresando mi asombro.
-si- respondió hakin dejando ver una leve sonrisa.
Todo era diferente y extraño, pero mi corazón sentía ese toque de temeroso confort que muy pocas veces se da en la vida, al menos en la mía, frío y aparentemente endeble el húmedo ambiente circundado por aromas almendrados engalanaba la opaca escena de aquel lugar. El gélido sitio ruborizaba mis mejillas y mis turbios cabellos rebosaban de escombros, pero me sentía más tranquilo y poco anonadado a cada minuto que pasaba.
Sentía que mis relatos se asemejaban de una manera perfecta a la realidad que presenciaba y que no me era desconocido aquel lugar ni aquellos personajes pero mi estado no me permitía pensar con claridad.
¿quienes son? me preguntaba notando sus aspectos extraños pero aun algo peculiares para mi
-Sannu- decía la gente suavemente al vernos
-Nabad- respondía hakin mientras entraba a una de las casas señalándome que le siguiera.
Al entrar me sentí profundamente a gusto, con una sensación de paz y tranquilidad de un recuerdo que nunca fue mío. La sala era espaciosa, el suelo un poco menos irregular que el de el exterior y sus paredes contaban con uno que otro ornamento muy sobrio y de color cálido.
-sienta te- me dijo Hakin mientras me indicaba una especie de hongo de muy pintoresco aspecto que apenas sobresalía del suelo y que hacia parte de lo que creí era un comedor.
-necesitas hablar con la consejera real, quien tiene como nombre Ilkene ella te orientara hacia el camino que debes tomar y es la única que podrá contarte los tres secretos...
No acababa de hablar cuando en la entrada se presentó una joven de hermoso aspecto y tierno rostro, lucia sus manos cubiertas por un velo dorado que descendía a sus pies los cuales estaban cobijados por así llamarlo telas de brillante color que lucía con un ropaje delicado y de aspecto frágil. Sus ojos contaban con largas pestañas y pude ver que al contrario que los suyos poseía un hermoso cabello de color negro muy fino casi humano.
-me retiro para que puedan conversar- dijo Hakin mientras me miraba de una manera esperanzadora y con una sonrisa disimulada.
Ilkene se dirigió junto a mí tomando con sus manos mi rostro y dejando caer por sus mejillas un par de lágrimas con dulzura, me impacte por tan calurosa bienvenida, solo pude quedarme inmóvil mientras ella tomaba asiento y se secaba las lágrimas con un algodoncillo que sustrajo de un bolsillo.
-eres como el- se dijo mientras terminaba de acomodarse en el asiento
-¿qué hago aquí? ¿Eres tu quien tiene las respuestas?- le pregunte muy cortes mente mientras me fijaba en su sutil velo que no le dejaba ver el cabello a excepción de un mechón rebelde.
-Sé que tienes muchas preguntas pero solo puedo guiar te en lo necesario, ahora calla y sigue me.
Se levantó de su puesto y dirigiéndose a una de las paredes toco con la punta de sus dedos los pintorescos labios que adornaban su rostro y dirigiendo sus manos a una de las paredes la toco y esta se abrió en medio de raíces y terrones de tierra dando a ver en el interior una absorbente oscuridad pero manteniendo aun el silencioso susurro que circundaba en el ambiente.
-sigue- me dijo mientras sacaba de una de sus mangas una pequeña bolsa de color gris atada con un fino cordón.
Me determine a seguir, aun sintiendo incertidumbre por saber qué lugar era ese...
Al seguir ella, se cerró el muro dejando aún más oscuro aquel lugar que de por si no permitía ver cosa alguna desde antes. De pronto irradio una fuerte luz que dio algo de visibilidad por unos minutos.
-siéntate- dijo ella
Al sentarme sentí una densa humedad que me cubría. Cada vez más luces irradiaban el ambiente y generaban espectros luminosos de gran amplitud y con una exquisita paleta de colores que sin notarlo traslucía por mi cuerpo y me irradiaba por completo llenándome rebosantemente, de repente grandes afluentes de agua sonaban estrepitosamente llenando la superficie del suelo al son de una hermosa voz que atribuía yo a Ilkene, las aguas me cubrían mientras la bella voz resonaba en un eco que desaparecía paulatinamente y me generaba la imposibilidad de moverme, para el momento cuando pude apoderar me del control de mi cuerpo las aguas me cubrían por completo y daban escapatoria al poco aire que aun residía en mí.
Y llego a mí de nuevo, revelado más claro que antes y más intenso que nunca la vivida historia de la bella dama...



vídeos y música u.u

la leyenda de korra




jueves, 4 de septiembre de 2014

CAPITULO 3) JECLAHAY Y EL MISTERIO NO RESUELTO DEL COLGANTE MÁGICO



«¿cómo saber diferenciar entre lo que llamamos sueño (fantasía) y la tan vivida realidad?, ¿en verdad sabemos si la realidad es tan única como se presume por el mundo? O tan solo elegimos creer en lo menos fatigante, aquello que nos permita permanecer sedentarios ante tantos enigmas, creo yo con el propósito de generar una falsa atmosfera, aislada del asombro, permitiendo ocultar temores y restringiendo la mente únicamente a preocuparse en complicadas y vastas trivialidades insuficientes de sentido y razón de ser»

Cada ciento siete años los monjes elegían de cada tribu a una joven de bello aspecto que estuviese en estado de embarazo, las tribus eran conformadas por cuatro grupos, teniendo en cuenta el lugar del planeta donde Vivian, ya sea primavera, verano, otoño o invierno, además del extenso reino de los hongos los cuales eran los únicos que habitaban toda la faz del planeta, bueno casi toda. Al dar a luz la recién nacida era trasladada al templo de las ramas azules donde habitaban los monjes y los sirvientes de estos, las pequeñas criaturas eran cuidadas por nodrizas las cuales velaban por prestarles una completa atención en cuidados y afectos básicos para que crecieran de una manera natural. Al cumplir los siete años empezaban sus estudios como damiselas de las hojas, ya sabiendo los conceptos de lenguaje básico, escritura y una serie de modales que les permitirían no presentar inconvenientes en su educación, "damiselas de las hojas" como se les hacía llamar y para lo cual debían obtener grandes conocimientos en las vastas bibliotecas del castillo contiguo al templo y que se alzaba con supremo esplendor, cabe decir que no les era permitido salir de las murallas que rodeaban el castillo, el templo, el santuario, la cámara en blanco y el estanque del arroyo muerto, cada joven debía superar a las otras con el fin de obtener la tan anhelada y aparentemente inalcanzable inmortalidad.
Ocurrió en los límites del reino del verano y el otoño que una mujer y su esposo se encontraban en angustiante trabajo de parto y la susodicha mujer era curiosamente una de las elegidas a dar a luz a una damisela de las hojas, milagrosamente la bebe nació con hermoso aspecto y dinámico comportamiento, la madre feliz la llamo Jeclahay por ser fruto del gran amor que la unió a sumarido. Inmediatamente fue acogida por los siervos de los monjes quienes la llevaron junto con las otras dos pequeñas de la primavera y el invierno respectivamente. Lamentablemente la que hacía falta murió durante el parto dejando por primera vez en la historia una nación sin representante, era esta pequeña desafortunada hija del otoño y por ende decidieron reclamar a jeclahay como suya por nacer en la frontera de los dos reinos, inmediatamente se levanto el reino del verano defendiendo su derecho a que la niña le fuese suya por ser destinada a ello de antemano.
Los monjes al presenciar aquella afrenta que ya ocasionaba división y contienda entre los dos imperios y llegaba a pronosticar un gran caos decidieron llamar al rey de cada estación eran estos: zafi soberano del verano y sanyaya soberano del otoño. Al reunirse convinieron beneficiosamente para ambos pueblos compartir a jeclahay y como beneficio tendrían más oportunidad de vencer al tener menos competencia y mas sabiduría para instruir a la pequeña, al estar de acuerdo los dos bandos se decidió que se haría conforme a lo pactado y que la gloria de la posible victoria de Jeclahay recayera por igual en ambos reinos.
Día tras día las niñas crecían tanto en hermosura como en sabiduría. Cada una comenzó a demostrar ciertas facultades que las distinguía cada vez más entre ellas y que las etiquetaban de virtuosas, Jeclahay se distinguía por su extraordinaria habilidad en las letras, los lenguajes antiguos e historia; por otra parte Sanyi la postulante del reino del invierno se destacaba en la meditación, la química y las pociones; Decorus la representante de la primavera sobresalía en el canto, las danzas y las matemáticas. Aunque cada una fuese sobresaliente en algún aspecto no implicaba que todas no tuvieran un conocimiento aproximado al de la más resaltada.
Se hallaba un día Jeclahay en la biblioteca más grande del castillo leyendo un espléndido libro de escultura antigua, revisaba las páginas con detenimiento trasladando sus ojos por cada superficie, cada textura, cada borde y toda sombra, fijo sus ojos en una singular y esbelta estatua que creía haber visto en ese mismo lugar, recorrió con esmerada curiosidad cada aula que estaba adjunta a la biblioteca esperando encontrarla pero con tan mala suerte que no encontró ni una que se pareciese a la susodicha, agotada se resignó y decidió regresar a su lugar pero mientras se desplazaba noto que a los lados de un librero había un espacio mayor que el de los demás, tanto que podía colocar sus dedos dentro de la abertura pero no era lo suficientemente grande como para atravesar la mano completamente, miro atreves de aquella abertura con algo de curiosidad, el espacio despedía una leve brisa que irritaba la visión de Jeclahay y no le permitía ver claramente, de nuevo deslizo su mano y llegando a la parte más baja se topó con un elemento que considero un collar, rápidamente lo saco, sintió por su cuerpo pasar un escalofrío, sus manos temblaban un poco, se sentía observada, descubierta e incriminada, se dirigió apresuradamente junto con el libro y el colgante a sus aposentos.
Los aposentos de las damiselas se encontraban cerca al muro norte del castillo por el cual se podía ver un poco la laguna de las biru, Jeclahay se sintió más tranquila estando en su cuarto, descubrió de entre sus manos el ligero colgante, llevándoselo al cuello y colocándoselo, en ese preciso instante se desprendió y cayó sobre su regazo una daga la cual considero era el colgante, fue algo extremadamente curioso y oscuramente misterioso, pues tardaría mucho en entender su origen y mucho más su razón de ser.
-glup...
-glup...
Desperté exaltado y con una intensa necesidad de respirar, vi a mi alrededor notando que estaba solo, me senté en donde yacía acostado; vi mi cuerpo, la habitación, la entrada, y mis recuerdos, y note por primera vez el misterio en que vivía.
-¡Jeclahay!